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Un maullido es un masaje al corazón. Stuart MacMillan

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿Podemos Hablar?

Por qué algunas mujeres hacen de todo para que sus maridos las golpeen o las dejen…?
No justifico la violencia contra la mujer ni mucho menos, sin embargo, muchas se esmeran en provocar la violencia contra sí mismas. Es el caso de alguien que conozco.
Para mí, es muy fácil pasar desapercibida en las casas, no es que vaya a escuchar los problemas ajenos a propósito, pero mientras soy irremediablemente arrastrada hacia la caza, escucho y veo conductas que no puedo entender.
El otro día estaba en una muralla atraída por el olor inconfundible de un roedor, cuando vi salir raudamente a la señora de la casa, llevaba prisa y mal genio. La seguí, no sé por qué, simplemente la seguí. Ella caminó una cuadra y se quedó frente a la gomería, lo cual me extrañó ya que ella iba caminando, ¿dónde tenía las gomas pinchadas?. Me quedé a una distancia prudencial… prudencial para mí, no sea que el perro que siempre ronda esos lares me hiciera picadillo. La mujercita en cuestión, comenzó a vociferar, muy ofuscada increpaba al marido, que tranquilamente estaba bebiéndose unas cervezas con otros hombres y, oh! mujeres! Allí estaba el origen de tanto alboroto. Bueno, lo que alcancé a ver y oir fue simplemente patético; la mujer gritaba a voz en cuello y zaraneaba al hombre para que inmediatamente, regresase a la casa y dejase de compartir las bebidas con esos vagos y esas p...
Bueno, pasar tremenda vergüenza entre los “perros” y las “gatas”… (Uhmm no sé por qué cuando debemos referirnos a los amigos y las amiguitas los nombramos como animales) Ups! lapsus…Continuemos con la historia, les decía el marido pasó la vergüenza de su vida, sumiso se retiró del ruedo y fue hasta su casa cuando la mujer terminó con la perorata de insultos para él y sus amigos.
Ya en la casa comenzó la verdadera fiesta, el hombre como atontado escuchaba la sarta de barbaridades que la esposa le lanzaba como explosiones a la cara… y la mujer tenía razón en la mayoría de las acusaciones, pero la forma que se lo decía era lo terrible, no lo puedo reproducir porque estoy segura de que ustedes se sentirían tan mal como cuando yo lo escuchaba.
Curioso, el marido soportaba todo con un estoicismo de santo, cuando de pronto se abalanza sobre la mujer, la sujeta de la cintura, intenta besarla y pum! la tira a la cama, hasta casi con violencia, ella por supuesto reacciona de una manera feroz y le grita:”prefiero estar con un perro, que contigo!”, claro que utilicé eufemismos!
Después de tremenda declaración el hombre lanza trompadas y patadas a diestra y siniestra, con algo de torpeza por causa del alcohol, pero muchos de sus lanzamientos dieron en el blanco. Resultado: Hombre gana a Mujer por nocaut. La pobre señora fue a parar al hospital con evidentes rastros de una muy buena paliza, no llegó a dañarla gravemente, porque el hombre estaba pasado de copas, pero si hubiera estado fresco, qué hubiera sido de la señora?
Estoy segura que existen mejores formas demostrar enojo o molestia por la conducta del ser amado. Nada justifica la violencia ni verbal ni física. Creo que muchas veces vemos la violencia física y no vemos los tremendos daños que causan las palabras y actitudes violentas que generaran luego las físicas.
Entre la comunidad gatuna nos damos de arañazos y zarpazos de vez en cuando entre desconocidos que quieren usurparnos territorio, pero a la hora de los arrumacos no reparamos en mimos… y bueno, tal vez tenemos menos problemas de parejas porque casi siempre vivimos en casas separadas; los humanos deberían aprender de los pajaritos que viven con una pareja para toda la vida. Y yo, que me pasó el tiempo entero mirándolos (para comerlos) nunca observé una pelea con patadas o picotazos entre ellos.
El diálogo, el miau miau, el guau guau o pío pío siempre será lo mejor en cualquier especie. Por ello deberíamos tener en cuenta lo que para muchos no es más que un slogan: La violencia sólo genera más violencia.
Deberíamos hablar, maullar y piar más que gritar y golpear.
Yo intentaré ser menos agresiva con la gatita gris, que vive robándome el cariño de mis humanos; ¡Es una promesa!

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