Los viajes al veterinario suelen ser estresantes, pero trato de distraerme con gente, los autos, los buses, las casas que pasan… (o soy yo la que paso?), la gente, los autos, los buses, ah! La visión se repite.
No sé por qué, pero a esta altura del año me siento melancólica, tal vez sea esa corredera de gente que no va a ningún lado o, simplemente el hecho de que, se acaba otro año.
Presiento que detrás de todo ese preparativo para las fiestas de fin de año, existe mucha tristeza, dolor emocional, soledad, abandono, desasosiego, ansiedad y, egoísmo también. Sí, sobre todo muuiaucho! (lo siento, una pulga en mi cuello) egoísmo. Te decía, creo que en estas fechas, supuestamente sensibles para los cristianos y no tan cristianos, se pone de manifiesto mucho más el egoísmo humano. ¿Por qué? Sólo presta atención a las personas en los comercios, en las calles, avenidas; bien, dónde sea. Todas están ensimismadas en sus pensamientos, tan concentradas en sí mismas, tan apuradas en comprar algo, que pasan y miran sin ver. No ven lo hermoso, no ven lo feo de las cosas; de las situaciones, o de las personas.
Las bellezas que no se permiten ver: Los árboles verdes o floridos; los niños sonrientes; las arrugas de los abuelitos; los gatos mimosos; los perros juguetones, guardianes y valientes; los pájaros cantando; el sol brillando cada mañana; la luna plateada; la lluvia fresca.
Las fealdades que tampoco ven: Los perros abandonados, hambrientos deambulando por las calles; los gatitos llorando en alguna esquina obscura; el humo generado por autos, camiones, fábricas y algún vecino inconciente quemando basura; los arroyos y ríos contaminados, los basurales en cualquier lado; los adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes cada vez más, alcoholizados; niños abandonados, mendigando en las calles y buses; familias enteras ( con perros y gatos incluidos) sin un techo dónde vivir.
La gente camina apresurada, mira pero no ve. Pasa de largo frente al pobre cachorro asustado, hambriento y herido; pasa de largo frente al niño de mirada perdida, solitario en medio de una multitud. La gente corre veloz en autos lujosos o en buses, y pasa de largo sin percatarse de la hermosa mañana, que se levanta ante sus ojos plena de sol; de los árboles verdes y las flores brillantes. Sólo están concentradas en lo que comprarán con el aguinaldo, qué cuentas pagarán, que viajes realizarán… Ahí está el YO más presente, vivo y tremendamente agrandado, que nunca.
No importa qué se recuerde el 24 o 25 de diciembre, No importa que se acabe un año. Y que importa, si es un buen momento para reflexionar sobre lo que se hizo o se dejó de hacer.
Parece que nada importa, sólo comprar y comprar; correr y correr. Y que cada uno vea por sí mismo.
Me pregunto por qué la mayoría de los que dicen ser cristianos, no imitan a Jesucristo. Me pregunto por qué festejan cada 25 de diciembre el cumpleaños de Jesús, pero no lo invitan a la fiesta. Me pregunto por qué y para qué tantas compras, si seguirán tan vacíos como siempre, por qué y para qué tanta festichola, si seguirán tan solos… y sobre todo, tan egoístas.
¿Podré soñar este fin de año, que el egoísmo humano disminuirá, que los padres no abandonarán a sus hijos, que no abandonarán a sus mascotas, que podrán compartir su comida con el hambriento, que podrán compartir sus vestidos con el que no tiene?
¿Podré soñar éste fin de año, que JESÚS tendrá lugar en los corazones de los seres humanos?
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